Web De Putas

..

Category

Putas en castellano

Adicción a las prostitutas prostitutas en la casa de campo

adicción a las prostitutas prostitutas en la casa de campo

El hombre, un padre de dos hijos, con cabello enmarañado y ojos apagados, nos pide que no usemos su verdadero nombre. Cada mañana Luis se despierta en una choza de madera destartalada y, al igual que "el médico", pasa sus días inyectando a otros usuarios. La tarifa es de un dólar o un sexto de una inyección de heroína, el método de pago elegido por la mayoría de la gente.

Cada seis inyecciones Luis puede pincharse. Durante 22 meses estuvo limpio, hasta que su esposa tuvo un infarto en el baño y se ahogó. Días después, estaba en las vías ferroviarias. Sentado sobre una barrera de cemento en la calle Gurney, Luis abre y cierra una navaja con una mano y deja que un cigarrillo se queme lentamente en la otra. Eso fue hace un año y una semana".

Tengo que encontrar un nuevo lugar donde pueda recostarme de noche sin tener que dormir con un ojo abierto". A lo largo de las vías ferroviarias, persona tras persona aseguran que, si eso pasa, simplemente encontrarían otro rincón en Kensington, un barrio marcado por la pobreza y el consumo de heroína.

Kensington supo ser una activa zona industrial a la cual llegaban desde las afueras de Filadelfia en busca de trabajo. A medida que los oficios manufactureros fueron desapareciendo, las tasas de empleo y los precios de las viviendas se desplomaron, los hogares fueron abandonados y tapeados, y la venta ilegal de drogas apareció.

Ahora la gente llega a Kensington de distintas zonas de la ciudad, estado y país en busca de heroína. Se dice que es el mayor mercado de drogas al aire libre de toda la costa este. Previo a las vías de tren, la ciudad limpió la plaza McPherson, un pequeño parque en avenida Kensington donde se encuentra la biblioteca local, que se había convertido en un refugio de adictos.

En mayo, medios nacionales informaron que los bibliotecarios estaban siendo entrenados para revivir personas con sobredosis en el parque rebautizado informalmente como "parque Jeringa". El año pasado se pinchó con una aguja usada cuando atravesaba el parque.

A su nieta de 5 años le pasó lo mismo al sentarse en los escalones de la puerta de entrada a la casa. Hoy en día, en la mitad de la plaza hay una unidad móvil de la policía y los uniformados recorren el lugar en bicicleta. Los niños corren y las tardes son felices en la plaza Jeringa. Pero los trabajadores sociales se preguntan a dónde irían los consumidores expulsados.

Poco después de que la plaza fuera despejada, hubo informes de que una iglesia abandonada en la calle Westmoreland se había convertido en su nuevo refugio. Cuando la policía fue hasta allí, encontró una pareja joven de adictos.

Habían improvisado un hogar, guardando sus pertenencias dentro de los tubos del órgano. José Ojeda voló a Filadelfia lleno de esperanza. La invitación es que nos unamos a grupos con potencial como este, que brindan las herramientas suficientes para parar verticalmente el valor de los seres humanos que desean cambiar sus vidas, aprendiendo a amarse.

Muchas gracias por sus comentarios. Me elegra mucho tenerlos como lectores del blog y a meneis le agradezco por la referencia que hace a mi libro. Un abrazo para todos mis lectores. Impactante y muy buen artículo. El aburrimiento y la soledad pueden ser -en cierto modo- pésimos consejeros. Olvidé contar que leí tu libro, me generó una compulsión por su lectura, casi no puedo dejar de leer hasta llegar al final.

El precio que tiene es realmente ridículo comparado con el aprendizaje y el entretenimiento que tiene. Espero que pronto podamos tener otro libro que pueda ser esperanzador para nuestras compulsiones, que muchos en casos vemos tan normales, pero que realmente nos hacen vivir mal.

Hola Ramiro, de nuevo, un excelente ejemplo de las miles de adicciones con que evadimos la realidad, casi increible. Hace unos años vi una película muy fuerte y pensé que tenía mucha imaginación, pero hablando con otras personas y un par de expertos, me abrieron los ojos a una dura realidad, esa que no se puede casi creer, como este ejemplo de hoy.

Mil gracias por tus aportes, estaré pendiente de tus escritos. Por otro lado, esa es la idea de este blog. Ramiro, me acabo de devorar tu libro. No lo pude soltar. Me enganchó de principio a fin. Deberías publicar en tu blog el caso del personaje adicto a la pornografía en Internet. Gracias por estos artículos y por la información de contacto que das sobre los grupos de apoyo.

Estoy segura de que ayudan a mucha gente. ETCE no se responsabiliza por el uso y tratamiento que los usuarios le den a la información publicada en este espacio de recomendaciones, pero aclara que busca ser la sombrilla de un espacio donde el equilibrio y la tolerancia sean el eje.

En ese camino, disponemos de total libertad para eliminar los contenidos que:. Ingresa Entra con tu correo y contraseña regístrate Crea una cuenta aquí. Las opiniones de los blogueros son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal. Compartir post Facebook Twitter Google Email whatsapp. Sigue a este bloguero en sus redes sociales: Me gusta 0 No me gusta 0 Reportar.

Reglamento de comentarios ETCE no se responsabiliza por el uso y tratamiento que los usuarios le den a la información publicada en este espacio de recomendaciones, pero aclara que busca ser la sombrilla de un espacio donde el equilibrio y la tolerancia sean el eje.

En ese camino, disponemos de total libertad para eliminar los contenidos que: Promuevan mensajes tipo spam. El odio ante una persona o comunidad por su condición social, racial, sexual, religiosa o de situación de discapacidad. Muestren o impulsen comportamientos o lenguajes sexualmente explícitos, violentos o dañinos. Vulneren o atenten contra los derechos de los menores de edad. Ingresa los siguientes datos para enviar el correo.

El mensaje ha sido enviado con éxito. El reporte de error fue enviado con éxito. Debes escribir el comentario. Tu comentario ha sido guardado. Tu calificación ha sido registrada. Tu participación ya fue registrada. Debes escribir tu reporte. Tu reporte ha sido enviado con éxito. Debes ser usuario registrado para poder reportar este comentario.

El tiempo pasó y se fue conformando un extraño hogar que hoy acoge a 20 mujeres con edades comprendidas entre los 51 y los 84 años. En él, las habitaciones son compartidas, hay talleres de actividades, se imponen reglas para su buen funcionamiento y surgen, como en todo grupo, amistades y recelos: Es su responsabilidad limpiar cuartos y baños, que comparten, lo que a veces provoca fricciones.

Hay también una pequeña clínica donde algunas reciben oxígeno para sus mordidos pulmones, y una sala arriba en la que se imparten clases de todo: Se levanta, lee y todas, tras aplaudir, quieren también recitar sus textos.

En la sala donde desayunan, comen y cenan se esmeran en que al menos haya siempre tortitas. Luego a veces se lo echan en cara y hay problemas", dice la directora, que sabe que hay que equilibrar estómagos y almas. Lo primero llega a Xochiquetzal hambriento y lo segundo, roto: A veces las prostituían sus propias parejas.

Han sufrido abusos y palizas desde niñas y para la mayoría su mayor dolor es el rechazo de sus hijos, que se avergüenzan de ellas. Muchas han tenido adicciones y vivido en la calle", resume Jésica.

Adicción a las prostitutas prostitutas en la casa de campo -

Los dos te llevan donde quieres. Blas Bombín, psiquiatra, fundador de esta entidad benéfica que cobra a sus pacientes una tarifa plana de 10 euros mensuales, cree que Pedro "va por buen camino, poco a poco". adicción a las prostitutas prostitutas en la casa de campo Es por ello que quien se protege y se refugia en el puro placer del cuerpo, se ve obligado a anestesiar sus sentimientos, sin por ello perder de vista al alma. En esta dirección web pueden dar donativos las personas que lo deseen: Hace unos años vi una película muy fuerte y pensé que tenía mucha imaginación, pero hablando con otras personas y un par de expertos, me abrieron los ojos a una dura realidad, esa que no se puede casi creer, como este ejemplo de hoy. Son personas con carencias graves, y el sexo es su forma de compensarlas. Dulanto da fe de que sigue acudiendo a consulta. Espero que pronto podamos tener otro libro que pueda ser esperanzador para nuestras compulsiones, que muchos en casos vemos tan normales, pero que realmente nos hacen zona prostitutas alicante prostitutas universitarias madrid mal.

En mi opinión no se puede regular algo que conlleva violencia de género", sentencia García Vicente, quien no duda en cargar buena parte de la responsabilidad en la propia sociedad. Y, si no tienen dinero para eso, echan a suertes quién se va con ella". Barahona ha visto con sus propios ojos a menores de edad en la Casa de Campo de Madrid, chavales de 14 y 15 años que sorteaban entre ellos quién se ganaba que una prostituta le hiciera sexo oral.

Lo consideran una diversión, no lo ven como lo que es: Por lo general son chavales adictos a la pornografía y a las citas sexuales, que disponen de unos euros al mes y que se lo gastan todo en prostitutas". Este psicólogo también ha constatado que ir de putas se ha convertido en una moda juvenil.

Ir a prostíbulos se ha convertido en una seña de identidad. En , un sondeo realizado por la Fundación Atenea también ponía sobre el tapete cómo los jóvenes madrileños entre 16 y 24 años ya tenían una visión bastante particular sobre la prostitución.

Si pagan 20 euros se ahorran todos los prolegómenos. Muchos tienen problemas para contactar con el otro y pagar les permite ir al grano. Barahona comparte esa opinión: Ellas les sonríen, les halagan, les hacen sentirse estupendos Y a ellos les gusta eso y saber que tienen las riendas del poder en esa relación, porque el que paga exige, y luego alardean ante el grupo.

Para esta profesora de Trabajo Social esto "deja en evidencia que hemos avanzado poco en igualdad de género. Iniciar sesión para participar. ElCosmonauta Cerrar Bueno, quien se extrañe por esto vive en otro planeta. Arturo se calla y apura el Trina.

Porque Arturo, este agente comercial de 36 años, impone lo suyo. Hace falta mucho aplomo para llevar ese traje príncipe de Gales y esa corbata de apabullante nudo Windsor como quien lleva un pijama. Exuda seguridad en sí mismo. Viene de negociar un pedido y le quedan flecos pendientes, explica mientras acribilla los teclados. Luego cierra sus chismes, mira a los ojos y suelta la anterior parrafada.

Sabe a qué ha venido. A contar su vida. Con pelos y señales. Tengo que ir a desahogarme". No he perdido el trabajo de milagro, no me ha dejado mi novia de milagro, estoy vivo de puto milagro. Trabajo 16 horas, llevo una vida perra, el alcohol, la coca y el sexo son mis vías de escape, y bla, bla, bla, de acuerdo.

Pero la culpa de lo mío es mía y el resto son excusas. Aquí donde me ves, soy un esclavo. Tengo todo controlado menos mi vida". Arturo es un adicto al sexo real, con un trabajo real y un problema tan real y acuciante como para pedir auxilio urgente. Hoy ha ido por primera vez a la consulta de Carlos Dulanto, un médico especializado en adicciones.

Y adictos al sexo. Algunos, a varias cosas o a todo a la vez. Jóvenes y maduros, profesionales y parados, gente lo bastante solvente para abonar los 80 euros de cada sesión semanal de una terapia que requiere un mínimo de un año. La del sexo, como todas las adicciones, no se cura, dice Dulanto. Se controla o no se controla. O puedes con ella, o puede contigo.

Esa es la batalla interior que ha emprendido Arturo. Por ahora tiene sólo una certeza: Así que se autoaplica una política de tolerancia cero: Trina -y Aquarius y Nestea y Fanta- a discreción.

Lleva todo el día alternando con clientes, ha trasegado litros de agua edulcorada y tiene el estómago como una lavadora. Ahora mismo se tomaría una cañita para empezar el fin de semana. Este es "el nuevo Arturo". Ya lo ha dicho antes. El alcohol es el interruptor que pone en marcha su circuito vicioso.

La primera medida para apagarlo es no encenderlo. Marchando otro Trina para el caballero. El problema de Pedro es que su circuito se enciende solo. No le hace falta ni una caña. Le basta ir por la calle y cruzarse con una chica con escote. O estar en casa y ver a Pilar Rubio mover las caderas en Mira quién baila. Se produce el clic. Ni con masturbarme en la cama.

Yo me subo por las paredes y tengo que salir a desahogarme". Pedro habla en presente, aunque lleva un año yendo al Centro de Tratamiento y Rehabilitación de Adicciones Sociales Cetras de Valladolid para intentar superar su adicción al sexo.

Blas Bombín, psiquiatra, fundador de esta entidad benéfica que cobra a sus pacientes una tarifa plana de 10 euros mensuales, cree que Pedro "va por buen camino, poco a poco". Pero el interesado es el primero en admitir la evidencia.

Soy, si acaso, un adicto en rehabilitación. Llevo tres euros encima, pero si ahora me das 50, iría a fundírmelos a un puticlub". Pedro acaba de salir de trabajar. Un empleo de ocho a tres en una factoría automovilística de Palencia. Una sirena marca el fin de la jornada. Segundos después se materializa una legión de operarios al trote hacia el aparcamiento.

Pedro, un hombretón moreno, viene caminando. Tenía coche, pero tuvo que venderlo. Aunque quisiera, no puede pagar. Es la cuota diaria de los 20 que le da su madre cada semana para café y tabaco.

Pedro tiene 35 años y vive con sus padres. Cobra euros, pero cada mes le retiran de su cuenta para amortizar las "decenas de miles" que debe por los "cuatro o cinco" créditos que ha pedido para costearse su adicción.

Él mismo ha anulado sus tarjetas. Ha ordenado al banco que no le deje sacar dinero. Todos sabemos de personas que dicen necesitar dos, tres, cuatro descargas sexuales al día para sentirse en forma. Hombres que frecuentan prostíbulos a espaldas de sus parejas. Salidos de ambos géneros. Algunos meses después pasaron al sexo oral, y finalmente terminaron consumando todo el acto sexual en la estrecha cabina. Comenzaron a verse fuera de las cabinas y teniendo relaciones sexuales en residencias de mala muerte.

La chica no era bonita, pero su tarifa era accesible para el apretado presupuesto de Diego. La chica accedió a taladrar uno de los paneles de una cabina y a dejar que Diego mirara por el pequeño agujero y se masturbara mientras ella tenía sexo oral con otros clientes.

Así pasó la juventud de Diego hasta que lo nombraron administrador en el restaurante. Con frecuencia se volvía monótona y Diego hacía grandes esfuerzos de creatividad para volver a sentir la emoción que lo sacaba del aburrimiento y la soledad. Cuando se hacía cliente habitual de una prostituta, probaba diferentes experiencias, hasta que se aburría nuevamente… o lo echaban; varias veces, cuando les propuso que se dejasen orinar, diferentes prostitutas lo rechazaron. Una vez terminó en una estación de policía por agarrar a una prostituta a correazos.

Se refería a las prostitutas como objetos, y sus subalternos y la gente en general eran cosas que podía comprar cuando quisiera o quitar de su vista cuando se cansara de ellos. Diego seguía siendo un hombre sin amigos ni vida social, cuando Andrea, la administradora del restaurante de al lado, se fijó en él.

A él le gustaba Andrea, pero era demasiado retraído para invitarla a salir, a ella no la veía como una cosa, sino como una diosa , así que ella tomó la iniciativa en la relación. Durante buena parte del noviazgo, Diego dejó las prostitutas. El amor lo había sanado. No lo cambiaba por nada… excepto que por su extrema timidez, nunca tomaba la iniciativa ni le decía a Andrea lo que le gustaría experimentar en la cama.

Tampoco sabía divertirse de otra manera. Poco a poco fue cayendo en la monotonía, y volvió a frecuentar a las prostitutas. Ya no tenía el presupuesto de antes porque la relación con Andrea demandaba dinero… pero la compulsión ganó y lo obligó a dar otro paso que cambió su vida. Un día, Diego decidió probar con un travesti de la calle.

Sin haber sentido nunca una inclinación por personas de su mismo sexo, decidió probar con un travesti callejero porque le cobraba barato. El travesti le proporcionó lo que tanto le hacía falta. Una ruptura con la monotonía, a muy bajo costo. Siguió frecuentando travestis, al punto que cuando acordaron casarse, Diego hizo su despedida de soltero con dos travestis.

Andrea estaba convencida de que había conseguido al hombre ideal. Un hombre serio, callado y trabajador, que nunca se fijaría en otras mujeres, o que si lo hacía, nunca sería capaz de abordarlas. Lo que nunca se explicaba era qué hacía Diego con el dinero, pues parecía esfumarse de sus manos. Era extraño que un hombre así de trabajador, sin vicios ni amigos, desapareciera el dinero como lo hacía Diego. Poco tiempo después de haberse casado, decidieron montar su propio negocio: Un restaurante en el sector de Chapinero.

Conocían el sector, a los proveedores, los clientes, y los secretos de este tipo de negocios. Tenían garantizado el éxito. De hecho, los buenos momentos comenzaron desde el principio. Pero al trabajar en el mismo sitio, siendo socios y esposos, Diego descubrió que tenía grandes problemas para disponer de tiempo o dinero para sus andanzas.

A medida que fueron pasando los días sin poder visitar a los travestis callejeros, Diego comenzó a sentirse intolerante e irascible. Andrea detectó la desaparición de las pequeñas sumas de dinero que Diego sacaba, desde el primer día. Inicialmente comenzó a observar muy atentamente a todos los empleados sin decir nada, esperando agarrar al culpable con las manos en la masa. Sin embargo, al poco tiempo notó que las ausencias de Diego coincidían exactamente con los días en que se desaparecía el dinero.

Decidió hacerse la de la vista gorda, pues una cantidad tan pequeña de dinero no los afectaba. Se imaginó que con ese dinero se comía algo y hacía las diligencias en taxi. Al año nació el bebé. Diego decidió celebrar el éxito que había alcanzado. Esa noche, mientras Andrea dormía con su hijo recién nacido, Diego cerró el restaurante, sacó una buena suma de la caja, y decidió, solo por esa vez, irse con un par de prostitutas sin fijarse en gastos.

Llegó un poco tarde a casa, pero Andrea no le dio mucha importancia, pues él nunca llegaba oliendo a alcohol o cigarrillo.

1 Comment

Leave a Reply

© 2018 Web De Putas

Theme by Anders Norén

/

© 2018 Web De Putas

Theme by Anders Norén